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Cuando la inteligencia artificial aprende a informar.

  • 27 nov 2025
  • 2 min de lectura

El reciente traspaso de M24 al grupo de El Observador, liderado por los empresarios argentinos Gerardo Werthein y Gabriel Hochbaum, no fue una simple noticia empresarial. Lo viví como un momento bisagra histórico. Como una de esas escenas que, con el paso del tiempo, uno recordará y dirá: “Ahí empezó algo”. No solo un cambio de dueños, sino una señal de que el mapa comunicacional uruguayo se redibuja, no siempre a favor de quienes creemos en el valor social del periodismo.​


Durante décadas, el periodismo se sostuvo sobre la esencia humana. No hablo en abstracto: recuerdo mis primeras incursiones, sin tecnología, con mochila, grabador, libreta y lapicera traicionera; buscando teléfonos públicos para noticias de último minuto. Caminatas interminables, entrevistas improvisadas, ruido callejero, radios comunitarias con convicción por encima de presupuestos. Un oficio de tiempo, cuerpo, errores, humanidad, sinceridad y dedicación profunda.


Hoy, mientras grandes grupos concentran radios, diarios, portales y publicidad, la IA avanza como aliada decisiva: redacta noticias, edita audios, crea deepfakes, interpreta datos en segundos, sin cansancio ni raíces emocionales. ¿Qué lugar queda para quienes construyen desde la calle, la conversación real? Algo que M24 encarnaba hasta su venta y despidos masivos. En Uruguay, donde la diversidad mediática era equilibrio precario, la concentración unifica realidades. Sin censura explícita, basta que historias sean “inconvenientes” o “políticamente incorrectas” para que desaparezcan. Y ahora, con la ayuda de la tecnología, esa desaparición puede ser limpia, prolija y eficiente. Casi invisible.


Pero la IA no crea ni inventa: aprende de nosotros. Si periodistas independientes como los de M24 se apagan, ¿de dónde tomará sustancia? De mentiras ficticias filtradas por los intereses neoliberales de siempre. Ahí radica la paradoja: necesitan diversidad para no ser ecos vacíos. Esa diversidad vive en barrios, calles, obras sociales, escuelas, liceos, comedores, ollas y merenderos populares... Mientras otros compran micrófonos, surge el 'periodista ciudadano' que con la ayuda de la IA y un celular le puede bastar para registrar, analizar y difundir lo local, la verdad, la realidad.


Para los oligopolios, la IA es control; para la ciudadanía, resistencia. Ayuda a contrastar, denunciar, amplificar. En este escenario distópico-utópico que creo —casi de Cixin Liu—, surge una red descentralizada que no se compra. M24 no es solo pérdida: es ensayo de renacimiento. El periodismo no es un apartamento en un edificio de la Ciudad Vieja ni 97.9 FM; es práctica viva, pueblo que decide volver a contarse a sí mismo.


Mientras queden periodistas como los de M24 —dispuestos a investigar y contar con pasión—, ni la IA ni sus controladores oligárquicos apagarán esa voz.


Mario Bossolasco Akay

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