¿Es necesario un ente regulador?
- 5 mar 2025
- 2 min de lectura
Actualizado: 9 abr 2025

Esa fue la pregunta que nos pasaron al invitarme a participar de un evento organizado por la prestigiosa ConverComm, una comunidad de conocimiento enfocada en la convergencia de las comunicaciones, el ecosistema digital y la sociedad conectada en América Latina. Su objetivo es enriquecer las conversaciones sobre la sociedad conectada mediante la difusión de ideas e información relevante. Aquí les dejo mis reflexiones para ese panel que se realizó en forma virtual.
En este contexto y dada la pregunta, entiendo que los avances tecnológicos nos superan, y la convergencia es hoy día el motor de la transformación digital, donde las empresas de telecomunicaciones entienden que muchas veces compiten sin estar sujetos a las mismas reglas. Este nuevo paradigma plantea desafíos regulatorios inéditos, pues la competencia debe garantizarse sin obstaculizar la innovación y el crecimiento del mercado. Y esos desafíos no solo son en términos de uso del espectro radioeléctrico o posibles desbalances en el mercado, sino que también en el resguardo de la soberanía, geopolítica, la seguridad y protección del usuario.
Aquí es donde entra en juego el ente regulador, ya que en este mundo donde la tecnología avanza a un ritmo acelerado, la existencia de entes regulatorios es fundamental para garantizar un justo funcionamiento del mercado, que brinde equidad, accesibilidad y calidad de los servicios para los usuarios. Yo creo que la pregunta no es si se necesita un ente regulador, sino ¿Qué tipo de regulación es la adecuada para estos nuevos tiempos?
El ente regulador tradicional, diseñado para un mundo de servicios separados ha quedado obsoleto frente a la convergencia. Lo que necesitamos es un regulador alineado a buenas políticas públicas de telecomunicaciones, con visión global, inteligente, asertivo, capaz de abordar aspectos como la innovación, investigación y desarrollo de nuevos escenarios regulatorios, la protección de datos, la ciberseguridad y la sustentabilidad medioambiental, con un enfoque dinámico y flexible y una fuerte colaboración pública privada.
El regulador también debe estar y evolucionar hacia modelos que prioricen la transparencia, la adaptabilidad y la eficacia. En algunos países, se han implementado mecanismos de "soft regulation", en los que la industria y el regulador trabajan conjuntamente para establecer normas que respondan a la realidad cambiante del mercado. La implementación de "sandbox regulatorios", espacios de investigación y desarrollo donde se pueden evaluar nuevas tecnologías sin las limitaciones de normativas obsoletas, es otra estrategia eficaz para actualizar el rol del ente regulador.
Concluyendo; a convergencia tecnológica es irreversible, y con ella surge la necesidad de un ente regulador que no sea un freno al desarrollo, sino un facilitador del equilibrio entre innovación, competencia y derechos del usuario. La clave no está en la mera existencia del regulador, sino en su capacidad de adaptación a los tiempos modernos. La regulación inteligente, asertiva, flexible y basada en el diálogo público-privado será la respuesta adecuada para este desafío.





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