La palabra innovación se ha transformado en un comodín en el discurso institucional tanto público como privado, invocándola en conferencias, planes estratégicos, posteos de redes y como bandera del cambio organizacional -y por qué no de un cambio país-. Sin embargo, muchas veces se olvida que la innovación no nace sola y, tampoco, llegará a buen puerto solamente si no la proyectamos metodológicamente.